Este trabajo me trae cálidos recuerdos. Cuando termina el verano, pero el otoño todavía hace calor afuera. Y la casa es muy acogedora y la estufa está encendida. Un gato se sienta en la ventana, se lava con una pata suave y peluda y entrecierra los ojos por el sol. Y mamá, un verdadero hada (como yo la vi), convierte las verduras comunes en otra obra maestra culinaria.
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