La pintura muestra a una niña con ropa tradicional Oriental sosteniendo una flauta en sus manos. Los brillantes tonos Esmeralda y dorado del traje llenan la atmósfera de grandeza y solemnidad. Los pliegues ligeros de la tela parecen respirar, como si crearan una sensación de movimiento en un momento congelado. La melodía silenciosa parece fluir a través del papel, y toda la imagen está impregnada de una armonía de calma y misterio. La atención a los detalles y los colores hace que el corazón se estremezca, despertando la sensación de encontrarse con el pasado y su belleza que no pasa.
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