La pintura representa un día soleado de verano, cuando las montañas de Crimea se elevan sobre un pueblo cálido. Las suaves sombras azules caen sobre la carretera, creando una sensación de aire limpio. Cerca de la carretera crecen esbeltos cipreses, como velas vivas bajo un cielo sin nubes. Los trazos brillantes de vegetación y colores dorados reflejan la alegría y la ligereza del momento. Un muro de piedra enmarca de forma segura un rincón del Jardín, como si protegiera la tranquilidad del lugar. Los techos de las casas se queman con manchas rojas en medio de un tumulto de vegetación Esmeralda. Los delicados árboles en flor, casi fabulosos, le dan a la composición una sensación de primavera y renovación. Los picos nevados remotos le dan al paisaje amplitud y ensueño. El juego de la luz en el camino parece invitarte a perderte en este templo de la naturaleza y la belleza. En cada pincelada de la pintura se siente un aliento de serenidad y felicidad luminosa.
Este es un lugar real en Crimea.
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